Bumangkulong

| |

de: www.letraslibres.com


Mucho se dice, mucho se escribe, lo cual es una ironía interesante, tanto y tanto qué decir acerca de la incapacidad de decir algo convincente, estructurado o reconfortante.

Está en uno de esos días (que pueden resumirse en todos y cada uno de sus días), esos cuando nada es suficiente y la cabeza le da vueltas; ¿yo? yo solamente puedo mirar sin mucho interés, no me queda otra opción. Lo cierto es que no suelo platicar al respecto, me incomoda y ante eso hay poco por hacer; debo admitirlo: la incomodidad me paraliza.

De cualquier modo no importa, no acostumbro hablarle, lo nuestro no es la conversación; coexistimos sin relacionarnos; sé que está y sabe que estoy, es todo.

Pero si pudiera, si en algún momento esa brecha se abriera ante mi -entre nosotros- y fuese posible hablar sabiendo que escucha no sé si podría ser tan elocuente. Pensando decido que tengo mucho qué decirle, pero ese nunca ha sido el problema.

La barrera existe porque aún con razones justificadas, ideas claras y demás no consigo acceder a su alrededor, no sé cómo hablarle...

Fácticamente es posible (en cierto modo) pero conversar no se trata únicamente de conocer las palabras y dejarlas salir, no en este caso. Necesito que escuche, necesito que entienda; si voy a hablar, si pretendo quebrar el muro no será para ver cómo rebotan mis palabras, lo haré si tengo la certeza de que al menos 10 de ellas lograrán encausarla.



Tico Tiledón

0 réplicas:

Publicar un comentario