Cinco de 18

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A Warren nunca le gustó hablar mientras caminaba. Jamás lo dijo pero era evidente; en esos momentos cuando los chicos normales platican de sus días y se hacen de fama, cuando todos solían decir algo ingenioso o ridículo; Warren emitía un sonido parecido a un quejido leve y aceleraba el paso.
Recuerdo cuando lo conocí, más bien la primera vez que intenté conversar con él. Caminábamos después del peor de los partidos en el que he jugado, con la moral por los suelos no reparé en que íbamos juntos hasta mucho después. Me sentí ridículo y avergonzado por ignorarlo, así que dije algo sobre el juego, creo que sobre la estrategia del otro equipo; Warren me miró irritado.
No es que antes hubiese caminado feliz a mi lado, pero lucía cómodo; sin embargo después de escucharme la sensación fue completamente distinta; jamás he conocido a otra persona con la capacidad de Warren para provocar ese sentimiento entre culpa y autoflagelación, después de hablar de algo tan inocente como el tiempo.

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