Estoy aquí, dándole vueltas a lo tuyo y lo mío; descanso en aquello que no consigo explicarme, me amparo en mis dudas que funcionan como balsas.
Puedo caminar sobre el mar cruzando a través de ellas; fingiendo que nada existe, tomándolas como tierra firme bajo mis pies, es todo... no hay más.
Prosigo buscando respuestas en ti, respuestas para mí que provengan de tu recuerdo. Te veré como un recuerdo, como esa imagen pasada que palpita sin cesar en mi cabeza, recorriendo mis heridas, salándolas, tocándolas sin pudor, sin pena, sin empatía.
Serás mi recuerdo, serás mi fotografía compañera, mi pañuelo bordado en la lucha contra ti.
Escucho las pulsaciones, tus traidoras pulsaciones... mentir es tu don, amar el mío... y lo nuestro el cariño falso, la entrega recelosa.
Todas mis pequeñas palabras, mis bajos pesares, mis ruegos; todas las cosas tenues es mí, cada suspiro, mis ganas y arrebatos; lo que me hace, lo que me rompe y conforma, mis falsas ilusiones y patéticos intentos, se reúne alrededor y modifica mis pasos...
He comenzado a sentir el odio, a percibir este triste corazón arrepentido quebrarse bajo tus plantas, emitiendo el último quejido, llorando la última lágrima. Se ahoga, se contrae, agoniza... muere.
Muere sin remedio, muere sin gloria, muere sin haber gozado los placeres de la sabiduría, sin haberse abierto al todo, sin haber saboreado la nada mientras flotaba... como lo hicieron otros antes que él y como lo harán muchos más después.









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