Acabo de darme cuenta que tengo deseos irracionales (e irrefrenables) por aprender a tocar la armónica.
Tengo los guantes de homeless neoyorquino, el saquito de medio uso, los jeans desgastados y los converse sobreusados... al look sólo le falta la música.
¡Alguien regáleme una armónica!









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